Gastronomía y paisaje

Villaluenga del Rosario es conocida como la cuna de los quesos de cabra payoya y oveja merina, que han conseguido multitud de premios internacionales. Estos quesos se producen en las seis fábricas que operan en el pueblo y en toda las Sierras de Grazalema y Ronda, y son el buque insignia de una rica gastronomía que el visitante podrá degustar. Entre sus secretos, las condiciones climatológicas de Villaluenga, con mucha lluvia en invierno, que provee alimento natural a las cabras y ovejas que pastan en la zona. Villaluenga es además cada año la capital del queso artesanal de Andalucía, con la Feria del Queso Artesanal que se celebra entre finales de marzo y principios de abril.

Además, hay que probar la sopa de Villaluenga, especialmente en los fríos días de invierno, y la producción de huerta y los huevos camperos, producidos por las gallinas con una alimentación completamente natural. Sus sabores perdurarán en el paladar del viajero.

Los amantes de la naturaleza encontrarán su paraíso en Villaluenga del Rosario. No solo por los paseos a los que invita su paisaje, enclavada en la manga de Villaluenga y bajo la Sierra del Caíllo, sino los muchos senderos que parten o pasan por la localidad. El más conocido, los Llanos del Republicano, que conducen a la Sima del Republicano, una de las más grandes de Andalucía.

Villaluenga es considerada un paraíso para los amantes la espeleología, por las características morfológicas de la Sierra de Cádiz alrededor del núcleo urbano: la sima de Villaluenga, situada justo enfrente del pueblo, y que cuenta con un amplio cañón de entrada y una profundidad máxima de 237 metros. Son muchos los espeleólogos que acuden a explorar sus secretos y misterios: el agua que por allí fluye sale de nuevo a la superficie en Ubrique, a más de 7 kilómetros de distancia y tras bajar un desnivel de unos 600 metros.

Villaluenga del Rosario, atractiva en verano y en invierno: con el calor, para tener noches fresquitas y disfrutar los días en la piscina municipal; y en invierno para pasar las veladas junto a la chimenea y, si hay suerte, presenciar una copiosa nevada.